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viernes, 23 de mayo de 2014

Explotación infantil en Brasil: Una realidad cruda e inimaginable


Hace un tiempo el gobierno brasileño retiró de circulación una pieza de una campaña en redes sociales sobre enfermedades de transmisión sexual, en la que una mujer afirmaba “soy feliz siendo prostituta”, en el marco del Día Internacional de la Prostituta.

Pese a la censura, se espera que la prostitución aumente a medida que se acerca la Copa del Mundo de la FIFA en junio de este año. “Si bien es legal partir a los 14 años, existen muchas niñas menores vendiendo sexo”, según la UNICEF, quien reveló que son alrededor de 250 mil casos de menores metidas en la prostitución callejera.

“A los clientes se les cobra alrededor de 60 dolares. La prostituta obtiene la mitad de eso, menos las deudas por vestimenta, drogas, alcohol y cosméticos. La niña consigue un cuarto del total que paga el cliente”, señala Thiago, quien admite haber tenido relaciones con niñas menores de 14 años.

En 2012 una corte de justicia afirmó que tener relaciones sexuales con niñas de 12 años no era necesariamente una violación, pues alguna de ellas trabaja como prostitutas. La Amnistía Internacional califico ducha resolución como una luz verde para los violadores.

“Cuando comience la Copa del Mundo habrá muchas más chicas de mi edad y más jóvenes. Yo soy una de las mayores”, afirma Poliana de tan solo 14 años. La niña lleva tres meses prostituyéndose vendiéndoles su cuerpo a trabajadores del Arena Corinthians por menos de 4,7 dólares.

La niña lleva tres meses prostituyéndose vendiéndoles su cuerpo a trabajadores del Arena Corinthians por menos de 4,7 dólares.
El lugar de trabajo de Poliana se encuentra en una pequeña habitación escondida en un laberinto de callejones con alcantarillado abierto, donde se dirigen los obreros para comprar a chicas como ella. La pequeña niña dijo que salió la primera noche en que murió su madre, “no sabía cómo ganar dinero para comer o pagar el alquiler. Hay muchos hombres de la construcción en busca de sexo.

“Casi todos mis clientes son de la construcción, siempre pagan, pero no siempre me tratan bien. Pero ¿qué puedo hacer? Mis padres están muertos, necesito dinero. Si no fuera por los hombres que trabajan en el estadio, no sé qué haría. Me ha tocado pasar días enteros en el hotel, y esos días han sido los mejores para mí”, declara Thais de 16 años, quien se considera la menor más viejas de la profesión.

 
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