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viernes, 23 de mayo de 2014

La ficha campesina busca derechos territorial de Cauca como afros e indígenas

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INFORME ESPECIAL. Los campesinos caucanos buscan, que al igual que a los afros y a los indígenas, el Estado les reconozca sus derechos y les titulen zonas especiales que protejan su economía de minifundio, pero no quitándoles a éstos como lo ha hecho en el pasado, causando conflicto entre ellos. Su lucha por la tierra viene desde la colonia y aún hoy sigue cobrando mártires.

En el departamento de Cauca se viven fuertes tensiones por la propiedad de la tierra. Algunas han desembocado en enfrentamientos entre comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes.

La Constitución Política de 1991 dejó por fuera de una legislación especial a la comunidad campesina y su territorio. Afros e indígenas sí gozan de derechos adicionales por sus luchas ancestrales y culturales. 

Los campesinos buscan con las Zonas de Reserva Campesinas un territorio para vivir en paz

“En el departamento de Cauca los padres de la patria nos dieron la independencia, pero se quedaron con la tierra”. Con esta frase lapidaria, un líder campesino de ese departamento del suroccidente colombiano, explica el origen de un problema neurálgico de esa población: la concentración de la tierra.

Líderes de diferentes sectores campesinos del Cauca, consultados en la región por VerdadAbierta.com, coinciden en que tras el final del control de la Corona española, la tierra pasó a manos de los oficiales de guerra que participaron en la batallas de la independencia y de los grandes empresarios que las financiaron, con lo que los campesinos se quedaron sin parcelas y siguieron bajo condiciones esclavistas.

“Todos los que fueron generales en las luchas libertarias, se convirtieron en grandes hacendados que mantuvieron relaciones de vasallaje con los campesinos, indígenas y afrodescendientes. Se mantiene la figura del terraje, en donde se entrega tierra para que la gente trabaje y viva en ella, a cambio de la alimentación”, explica César Díaz, de Cima. Otro líder añade que el terraje existió hasta la década de 1970.

Un dirigente campesino, que pidió mantener en reserva su identidad, explica que la acumulación de tierras por parte de la clase dirigente caucana y su rol durante la época en la que los mandatarios locales y regionales no eran elegidos por votación popular, “dio como resultado la permanencia de su poder y la definición de políticas públicas en defensa de sus intereses”. Ese es el origen de la concentración tierra, que en gran parte, es el detonante de las arduas luchas que han librado los campesinos desde el siglo pasado.

En la década de 1930, los campesinos recibieron una influencia muy marcada del Partido Comunista, que promovió el sindicalismo. El movimiento campesino comenzó a organizarse en las Juntas de Acción Comunal, que  fue un modelo propiciado por la Iglesia y que se llama Acción Cultural Popular (Acpo). Desde las juntas de acción comunal, que tienen un poder muy fuerte en Cauca, los campesinos comenzaron a luchar por la tierra.

A partir de allí los campesinos empezaron a ocupar las grandes haciendas con el ánimo de conseguir tierra para subsistir. En medio esas fuertes movilizaciones, que también se dieron en otras regiones del país, en 1936 el Gobierno de Alfonso López Pumarejo sancionó la Ley 200 o de Reforma Agraria. Con esta norma, a los predios que no eran ocupados ni explotados, se les podía extinguir el derecho de dominio, pasaban a ser terrenos baldíos, y el Estado los adjudicaba a quien los ocuparan.

Por medio de la Ley 200 se les tituló tierra a muchos campesinos, sobre todo en el norte de Cauca. Sin embargo, como lo demuestra la historia de ese departamento, tras cada conquista de los campesinos, viene la reacción. Pedro Alberto Gamboa, de Fensuagro sostiene que a los diez años de haber iniciado la titulación de predios ociosos, se dio una especie de contrarreforma por parte de los terratenientes, quienes bajo presiones y amenazas, adquirieron las tierras que el Estado les entregó a los campesinos.

“Por esos tiempos salió la expresión 'me vende o le compro a la viuda'”, indica Gamboa, al recordar que “a finales de 1949 Walter Eder estaba comprando la última propiedad a los campesinos”. Según él, Eder era un extranjero que llegó al país en 1919 y fue un empresario que compró parte de dichas tierras, donde, a la postre, se alzaron ingenios azucareros.

La situación se agudizó con la Violencia bipartidista y muchos campesinos fueron desplazados de la parte plana hacia las cordilleras. “En muchas regiones del departamento se siente la acción violenta de sectores de los partidos Liberal y Conservador. Siempre en estas confrontaciones, el campesino es el que sale afectado en este proceso de despojo de la violencia. La violencia institucionalizada va encaminada a sacar al campesino de la zonas productoras, que son necesarias para la gran empresa agrícola”, indica Gamboa, de Fensuagro.
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