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viernes, 27 de junio de 2014

Por la defensa de dos cavernas repletas de murciélagos


Recorrer una cueva oscura, caminando casi a rastras. Atravesar formaciones rocosas que te obligan a pegarte al suelo para seguir adelante y no perder la ruta. Sientes humedad, a veces mucho calor, y debes cruzar un río subterráneo. Y además, percibir el revoloteo de una bandada de murciélagos, a los que de un momento a otro se les escucha volar muy cerca, emitir aullidos y amenazar con estrellarse en tu cabeza. Para muchos, el escenario de una experiencia natural extraordinaria. Y, científicamente muy valiosa.

Posible en Colombia, pero particularmente en Santander, en las cavernas de Macaregua, en Curití, y La Alsacia, ubicada en Zapatoca. Ambas están marcando un hito: se acaban de convertir en las únicas cuevas del país en recibir la declaratoria de sitios prioritarios, en este caso, para la preservación de los murciélagos nacionales.

La cueva de Macaregua, por ejemplo, alberga el mayor número de especies de murciélagos de nuestra ya gigante biodiversidad, según estudios redactados por biólogos de la Universidad Javeriana, de Bogotá. Y en La Alsacia, aparece un gran número de murciélagos que consumen frutos, esparcen semillas y polinizan, como si fueran permanentes constructores de paisajes forestales.

Detrás de este intento por preservar un par de grutas, a simple vista impenetrables y tenebrosas –liderado por el Programa para la Conservación de los Murciélagos de Colombia, la Javeriana, la Corporación Autónoma Regional de Santander (CAS), Bat Conservation International, de Estados Unidos, y la Red Latinoamericana para la Conservación de los Murciélagos (Relcom)– hay un par de enormes justificaciones biológicas y ecológicas.

De un lado, el valor que significa cuidar a este grupo de mamíferos voladores, que aunque valorados por su poder entre los pueblos indígenas, hoy son comúnmente vilipendiados o calificados como repelentes y poco estéticos. A veces les llaman ‘ratas voladoras’. Otros van más allá y les califican como ratones viejos a los que les han salido alas.

En muchas comunidades son masacrados, por considerarlos una amenaza para el ganado o los animales de las fincas. Esto, al desconocer la función vital que cumplen para sostener la vida humana. Un grupo sano de mil murciélagos puede comerse más de una tonelada de insectos cada mes. Imagine lo que esto puede representar para controlar enfermedades y evitar daños en la agricultura.

No faltará el evento poco frecuente de que alguna especie de murciélago muerda a un hombre. Pero casi el 90 por ciento, o más de ellos, no lo hacen. Por el contrario, y al igual que las aves, son dispersores de semillas, con lo que logran que zonas deforestadas recuperen árboles y regeneren plantas. Los murciélagos viajan entre un bosque y otro, se desplazan ampliamente llevando partes de frutos con los que logran rehabilitar zonas abiertas y más bien alejadas que han perdido su flora.

Comunidad involucrada

La declaratoria no se queda en el simple hecho teórico de ponerles a las cuevas un rótulo de ‘prioritarias’. “Aquí existe un intento adicional para que la comunidad sea consciente de todos estos beneficios ambientales ofrecidos gratuitamente por los murciélagos, y por eso la idea es que aquellas áreas donde están situadas las cuevas sean proclamadas, posteriormente, zonas de reserva de la sociedad civil”, explicó Jairo Pérez, biólogo e investigador de la Universidad Javeriana.

Pero esta acción surge como una luz de esperanza en medio de otra coyuntura trascendental y poco optimista: el llamado que han hecho la Sociedad Colombiana de Geología y el Servicio Geológico Colombiano por el deterioro frecuente y constante que están sufriendo las cuevas colombianas.

Estrictamente por la falta de conocimiento, el turismo indiscriminado y la escasa legislación destinada a su protección, llamado al que se han unido expertos de la Universidad Nacional.

Precisamente, Pérez indica que el turismo que se promueve en estos ecosistemas no puede ser manejado de forma libre y sin control como se hace actualmente en muchas regiones. Por el contrario, debe primar la alta calidad técnica en su intento por conocerlas, para que se cumplan los estándares internacionales y no se deteriore el medioambiente.

“En muchas de estas cuevas pueden existir hongos u otros microorganismos nocivos para el hombre; allí se debe entrar con máscaras u equipos protectores a los cuales los turistas casi nunca tienen acceso por desconocimiento”, indicó.

Porque allí no solo viven murciélagos. Son reservorios de una enorme diversidad biológica, que incluye fósiles, incluso piedras preciosas o jeroglíficos.

El geólogo Albeiro Rendón, de la Universidad Nacional con sede en Medellín, propone por ejemplo la promoción en el Congreso de la República de una ley que resguarde estas grutas, que incluya la capacitación de guías y espeleólogos que promuevan su sostenibilidad.

Valdría la pena hacerlo, porque en Colombia podría haber más de mil grutas como La Alsacia o Macaregua, igual de valiosas, tanto o más grandiosas.

Solo uno es un vampiro
Los murciélagos constituyen el grupo de mamíferos más diversificado en las selvas, bosques y otras hábitats. Dice la organización Opepa que el temor causado por los murciélagos vampiros, que pueden transmitir enfermedades como la rabia y debilitar al ganado tras frecuentes ataques, ha ocasionado una persecución irracional contra estos animales. En el mundo hay alrededor de 1.000 especies diferentes de murciélagos, pero solo 3 se alimentan de sangre. Aun más, de estas tres especies, dos atacan únicamente a pequeños animales como ranas, lagartos y aves. Es decir, sólo 1 de 1.000 especies distintas de murciélagos es un auténtico vampiro, que puede atacar a los seres humanos.

Javier Silva Herrera
Redacción Estilo de Vida
 
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