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lunes, 2 de noviembre de 2015

Reciclado, una alternativa para sepultar a seres queridos

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Es posible que usted haya oído hablar recientemente de dos unidades disponibles en Manhattan por unos US$17.500 el pie cuadrado, un precio que bate récords para propiedades en el distrito. Los lotes se encuentran en el New York Marble Cemetery, en el East Village, que está vendiendo los dos últimos lotes de sepultura en tierra disponibles en el mercado abierto en todo Manhattan. El costo es de US$350.000 cada uno. Podrá parecer asombroso, pero el precio refleja las fuerzas del mercado. Los cementerios de Nueva York prácticamente se han quedado sin espacio.

Este amontonamiento en el más allá impulsó asimismo una ambiciosa empresa emergente en la costa oeste: el Urban Death Project en Seattle, que se propone minimizar la cantidad de tierra escriturada por los muertos. En suma, busca transformar al hombre en mantillo. Imagínese un centro de reciclado humano de tres pisos, al que las familias podrían llevar los cadáveres de sus seres queridos para una sepultura, después de lo cual el cuerpo quedaría allí para convertirse en abono en una mezcla de astillas de madera y paja. Después de algunas semanas, meses seguramente, los restos irían a los deudos para ser utilizados en el jardín o en la tierra. Los fallecidos podrían fertilizar el suelo en vez de llenarlo.
El anticuado lote familiar, o bóveda, está cayendo en desgracia debido a la falta de espacio. Los costos en alza y las costumbres cambiantes han contribuido a que la cremación ganara terreno en los últimos años. Si bien la Asociación Nacional de Directores de Funerales proyecta que la cremación representará 71% de los entierros en 2030, por encima de apenas 3,5% en 1960, una serie de empresas está ofreciendo alternativas a las diligencias convencionales.
Susanne Wiigh-Mäsak vive en Suecia, donde las cremaciones superan los entierros, pero hace tiempo que decidió concebir un mejor desenlace final. Wiigh-Mäsak, que anteriormente fue bióloga marina, patentó en 1998 su sistema Promessa, destinado a acelerar la biodegradación. Pasó los siguientes 17 años luchando con obstáculos regulatorios en su país natal, pero comenzará a construir la primera planta para Promessa (apodada Promatorium) en otro lugar del norte de Europa en el próximo mes.
“El método de sepultura original en este planeta era de cuando sucumbíamos en la selva. Los carnívoros olían algo y eran los dientes. Separaban un cuerpo en pedacitos y finalmente éste se convertía en suelo”, dijo por teléfono desde la pequeña isla de Lyr, frente a Gotemburgo. “¿Cómo hacer, entonces, para transformar el cuerpo en pedacitos sin sentirse ofendido?”.
Su sistema automatizado consiste en someter el cuerpo a un proceso de congelación rápida con nitrógeno líquido y luego sacudirlo suavemente. “Esto hace que el cuerpo espontáneamente se parta en pedazos”, dijo.
Una segunda alternativa es Resomation. Inventado por el bioquímico escocés Sandy Sullivan y apodado “cremación verde”, este proceso sumerge el cuerpo en una mezcla de hidróxido de potasio y agua caliente para acelerar la descomposición natural. Es llamativo que la mayoría de las alternativas para el fin de la vida se hayan originado en Europa. La industria estadounidense de la atención a la muerte, que mueve unos US$18.000 millones anuales, según algunas estimaciones, ha sido menos receptiva a otras opciones más allá de la cremación.

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