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jueves, 31 de marzo de 2016

¿Tiene devueltas de un Lleras?


A partir del 1 de abril, cuando un colombiano que gane el mínimo ($689.455) retire el salario del mes de marzo, ya no tendrá en su bolsillo 19 billetes, sino 13. O sea, seis billetes de $100.000, uno de $50.000, tres de $10.000, uno de $5.000 y dos de $2.000. Por eso, la puesta en circulación de la moneda de papel de más alta denominación que ha tenido el país hasta la fecha trae más preocupaciones para los ciudadanos de a pie que para los grandes empresarios. Serán las pequeñas transacciones las que padecerán.

Parte de ese dinero, los colombianos de estratos medios y bajos lo destinan a la compra del mercado, pero el excedente ¬si queda¬ se convierte en la caja menor para la vida cotidiana. Así, la cara amarga de la señora de la panadería a las 6 a.m., oponiéndose a dar cambio de $95.000 y reteniendo la sencilla para el resto del día, será una constante en el 55 % de los colombianos que, según una encuesta de la Universidad Eafit, ganan el mínimo. De ellos, dice el Banco de la República, la mayoría (96 %) prefieren que les paguen en papel moneda.

Por eso, las úlceras de rabia y las peleas en las calles incrementarán. Las escenas de los taxistas preguntando ya no sólo para dónde va, sino con qué billete va a pagar serán el pan de cada día. Y los varados en las aceras tendrán que comprar algo caro para cambiar la cara del presidente Carlos Lleras Restrepo, imagen del nuevo billete.

Si para los colombianos hoy es un encarte tener en la billetera uno de los 987 millones de billetes de $50.000 que circulan en el país, ¿qué pasará ahora cuando un ciudadano se haya tomado dos cervezas y quiera parar ahí, irse para su casa, pero tiene un billete de $100.000? Terminará honrando “al gestor de la reforma constitucional de 1968”, como lo ordenó el Congreso de la República, u odiando a ese mismo personaje que fue impulsor de una política económica a favor del crecimiento con justicia social. O sea, a Lleras Restrepo.

Sin embargo, para el anterior gerente del Banco de la República, Miguel Urrutia, no hay de qué alarmarse. “La gente del común no se va a interesar en tener este billete. Este es para casos específicos en transacciones grandes como la compra de ganado, por ejemplo”.

Por eso, aclara, los billetes se mandan a hacer en grandes cantidades, pero se van sacando al público paulatinamente, pues hacer una nueva edición implica muchos costos para el Emisor.

Hoy, el Banco de la República anunciará cuántos billetes de $100.000, de los 59 millones que imprimió, pondrá en los bancos para que circulen entre los empresarios, que hacen grandes transacciones, y los ciudadanos que, cuando se termina el mercado, salen a comprar un pan para el desayuno y tres papas para el almuerzo, pues el dinero plástico no está entre sus preferencias.

Al respecto, la revista Infolaft, con datos del Banco de la República, reveló que para el 75% del público general y los comerciantes la facilidad y rapidez para pagar y recibir, se convierte en la principal razón por la que prefieren el efectivo (88.7% de los colombianos). “En el caso de los comerciantes otra razón para utilizar más papel moneda es no contar con datafonos en el negocio”, dice el informe.

¿Por qué se emite un billete de alta denominación?

La necesidad de tener un billete con tantos ceros a la derecha se deriva de la dinámica de la economía. Constantemente está creciendo y necesita más recursos que apoye las transacciones de los ciudadanos.

Sin embargo, tal parece que quienes se verán más beneficiados con el nuevo ejemplar serán las grandes empresas, transportadoras de valores y bancos, pues se prestará para el movimiento de altas sumas de dinero. “Físicamente va a facilitarles la vida, porque en un billete de $100.000 tendrán lo que antes en dos de $50.000. Es ahorro de tiempo para las entidades que manejan flujos de efectivo constantes”, dijo Camilo Pérez, director de investigaciones Económicas del Banco de Bogotá.

Uno de los billetes de más alta denominación que circuló en el siglo pasado fue el de $1.000. Cuenta la historiadora, Sigrid Castañeda, que después de la guerra de los mil días, cuando no existía el Banco de la República, sino bancos privados y un banco central, la desbordada inflación precipitó la emisión de ese ejemplar que en la actualidad sería equivalente a uno de $10 millones.

Pero se hizo necesario, porque en ese momento se acabó el oro que respaldaba los millones de billetes que circulaban en las calles y que habían sido emitidos por muchos bancos particulares. La violencia había devastado la economía del país.

El otro argumento es que, esta es la estrategia más contundente para que narcotraficantes y mineros criminales destapen sus caletas sin que las autoridades judiciales disparen un solo tiro. De hecho, la Asociación Bancaria y de Entidades Financieras de Colombia (Asobancaria), ha insistido al Banco de la República sacar de circulación los billetes de alta denominación para reemplazarlos por nuevos ejemplares, obligar a los ilegales a circular el papel moneda que tienen guardado antes de que pierda vigencia y así ir reduciendo el dinero en efectivo.

Sin embargo, para Santiago Castro, presidente de Asobancaria esto último no estaría pasando. Expresó que, aunque entiende las razones técnicas que llevaron al Emisor a tomar esta decisión, “vemos con preocupación el ligero retroceso de disminución de efectivo, experimentado durante el último año de alrededor de 0,7%. Más aún cuando se estableció en el Plan Nacional de Desarrollo una meta de reducir dicho indicador”.

Luego de que este jueves se presente el billete de $100.000, vendrán otras fechas claves desde junio hasta diciembre. En distintas fechas, el banco central lanzará los nuevos ejemplares que reemplazarán al de $20.000, $50.000, $5.000, $2.000 y $10.000. Y se espera, según conoció este diario, que en los próximos tres años hayan salido del mercado las actuales monedas de papel.
 
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