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lunes, 6 de abril de 2015

'Sociedad empoderada, definitiva para afrontar el cambio climático'

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Mary Lou Higgins, directora en Colombia del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), organización ambiental emblemática, acaba de liderar una de las jornadas ciudadanas más exitosas frente al cambio climático: la Hora del Planeta, la campaña que más ha movilizado a la gente por una misma causa mundial.

Fue hace ocho días. Personas en la Antártica, astronautas dentro de la Estación Espacial Internacional, en 10.000 ciudades del planeta, entre ellas Medellín, Cali, Mocoa, Manizales, Tunja, Montería, Ibagué, Villavicencio y Bogotá, se empeñaron en apagar la luz durante una hora, en un intento por tomar conciencia sobre el impacto del aumento de la temperatura global. También quedaron a oscuras la Torre Eiffel, la Torre de Tokio, el Kremlin y el Times Square.

Encuentros como este son el primer paso para construir el movimiento ciudadano poderoso, necesario para hacerle frente al enorme desafío que representa un clima cada vez más agresivo, súbito, alterable. Y es en esto último en lo que precisamente Higgins ha querido insistir.
Después de años de recorridos por toda la nación, de motivar la creación de áreas protegidas y pedir responsabilidad con nuestra biodiversidad, ella piensa que parte de la estrategia para mitigar esta amenaza global es involucrar a la ciudadanía; hacerla partícipe de lo que científicamente, o políticamente, se haga para enfrentarla.
“El cambio climático es el mayor desafío de este siglo y, a pesar de eso, las personas aún ni lo entienden ni lo conocen definitivamente”, opina.
Mary Lou Higgins también respondió otras preguntas con la sinceridad que le caracteriza, con la amabilidad que le ha mostrado a muchos colombianos en regiones como la Amazonia o la Orinoquia –donde ha ‘peleado’ para que tengamos, por ejemplo, a la Estrella Fluvial del Inírida como humedal Ramsar– y tengamos un desarrollo más sostenible.
Enfrentar el fenómeno del cambio climático se ha vuelto un pulso entre científicos que alertan y delegados oficiales que tratan de lograr acuerdos que tranquilicen a empresarios y políticos. ¿No cree que ha faltado tener en cuenta la voz del ciudadano?
Para hacerle frente al calentamiento global se necesita de todos los sectores: gobiernos, empresas y sociedad civil. En el proceso multilateral deben participar todos los países y los sectores sociales. Pero las negociaciones internacionales son tan solo un frente de lucha, no el único. Y claro, tienen la debilidad de que su efectividad depende de la voluntad política y no de la ciencia. Por esa razón, es fundamental, definitiva, la voz de la ciudadanía.
Es evidente que el movimiento climático es cada vez más robusto y relevante. Hace veinte años hubiera sido una locura imaginar que 400.000 personas saldrían a marchar en Nueva York para pedirles a sus gobiernos acciones contundentes contra el calentamiento global, como sucedió en septiembre pasado. Hoy, la sociedad civil ya no es tan pasiva. Se está empoderando y está próxima a volverse esa voz que requiere este desafío.
¿Cuál debe ser el papel de ese ciudadano del común frente al potencial acuerdo en París, previsto para finales de año?
Primero, los ciudadanos deben informarse sobre el nuevo acuerdo global sobre cambio climático que se negocia. Solo así podrán saber lo que esto significa para el mundo y las futuras generaciones. Ahí juegan un rol clave los medios de comunicación, que pueden desglosar la información técnica y comunicarla a la sociedad civil, los tomadores de decisiones locales y los sectores productivos y empresariales.
Luego, los ciudadanos deben participar en los procesos que esté desarrollando el Gobierno. Precisamente este año, este debe anunciar sus contribuciones nacionales para el nuevo acuerdo del clima. Es decir, qué tantas emisiones puede reducir y de qué forma lo va a hacer, cuáles son sus planes de adaptación y qué tantos recursos dispone para ellos. Antes de que el Gobierno le anuncie sus contribuciones al mundo entero, debe socializar su propuesta con la sociedad civil, los sectores económicos, la academia y las ONG, entre otros.
Es necesario y urgente que todos los países se comprometan a tomar acciones para detener el calentamiento de la Tierra y limitar el aumento de la temperatura promedio del planeta a 2 grados. ¿Cuál debe ser el papel de Colombia, cuál es la ruta que debemos seguir?
El país, a simple vista, tiene un nivel bajo de emisiones, 0,37 por ciento del total global. Sin embargo, esa cifra no considera los millones de toneladas de emisiones que exporta con uno de sus principales productos: el carbón. Este combustible fósil genera el 40 por ciento de la electricidad global y es responsable del 70 por ciento de las emisiones del sector energético.
Colombia tiene que innovar la estructura económica hacia un desarrollo bajo en carbono, iniciar la transición de la dependencia de combustibles como la base de la economía. Es importante analizar cuál es la huella del carbono del país, teniendo en cuenta no solo las emisiones generadas sino las que se exportan. Así podríamos orientar el modelo de desarrollo.
Hay un gran avance en el Plan de Desarrollo que incluye la estrategia de Crecimiento Verde como uno de sus ejes transversales. Sin embargo, este sigue priorizando y destinando gran parte del presupuesto a sectores como el minero, en lugar de invertir en otros como el de energías renovables.
Se ha hablado del interés de Colombia por lograr, a corto plazo, una economía baja en carbono. ¿Lo cree posible frente al interés por seguir moviendo la ‘locomotora minera’?
No, si seguimos como vamos. Hay avances interesantes, como la Estrategia de Desarrollo de Bajo Carbono y el eje de Crecimiento Verde, del Plan de Desarrollo, pero si seguimos siendo una economía tan dependiente de los combustibles fósiles y no ordenamos los territorios para reducir la conversión y degradación de ecosistemas naturales como resultado de las actividades productivas, difícilmente se logrará.
Mary Lou Higgins impulsó la iniciativa de que la Estrella Fluvial del Inírida fuera humedal Ramsar. Aquí, en el Amazonas. Foto: Javier Silva Herrera.
Redactor de EL TIEMPO
Para mantener el aumento promedio de la temperatura en no más de 2 grados, se necesitaría dejar de usar combustibles fósiles para generar energía. ¿No estamos soñando al pensar que esto será posible?
Para que no superemos el límite de calentamiento de 2 grados por encima de la temperatura preindustrial, las emisiones deben llegar a su pico durante esta década y disminuir rápidamente. Esto significa que tenemos que empezar una transición energética seria de combustibles fósiles a energías renovables. Esto no ocurrirá de la noche a la mañana, pero si se implementan las políticas públicas necesarias es factible que esa transición se dé, sin marcha atrás, para 2050. El informe ‘Nueva Economía Climática’, en que participó Colombia, muestra que es factible pero requiere cambios estructurales en la economía.
¿Y cree en la Deforestación Cero en la Amazonia en 2020, si ni siquiera hemos podido diseñar una estrategia de control y de vigilancia para parques como Chiribiquete?
La apuesta de deforestación cero en la Amazonia en 2020 plantea un compromiso del Gobierno para un modelo de desarrollo acorde a las condiciones de la región, que busca generar procesos de gobernanza y de desarrollo rural sostenible, en las zonas donde se presentan mayores niveles de deforestación.
Las estrategias tienen que estar diseñadas no solo para hacer conservación, sino para buscarles alternativas de medios de vida a las comunidades de estas zonas y que se construyan de acuerdo a las necesidades y características de cada región. El proyecto Visión Amazonia es un primer paso que el país está dando para enfrentar la deforestación. Esta idea tiene muchos retos por delante y será necesario el compromiso de la gente, la sociedad y los sectores productivos.
Colombia habla mucho en el exterior de su interés por mitigar y adaptarse al cambio climático, pero internamente el Gobierno sigue promoviendo la minería, no descarta el ‘fracking’ y no parece preocupado ni siquiera por blindar sus páramos definitivamente. ¿Cómo interpreta esta doble postura?
Colombia es y ha sido un líder en su política pública ambiental y en las negociaciones internacionales. No obstante, tiene grandes retos para lograr que el tema ambiental sea efectivamente incorporado por parte de todos los sectores. Pero es necesario que esos sectores establezcan metas concretas que contribuyan a una economía baja en carbono y resiliente frente al cambio climático. Colombia debe cambiar su modelo de desarrollo que es altamente dependiente en la extracción de los recursos naturales no renovables y para esto requiere un compromiso de todos los sectores.
Si tuviera la posibilidad de tomar una decisión para afinar la estrategia del país frente al fenómeno del cambio climático, ¿qué haría?
Falta apostarle mucho más a la gobernanza forestal, el manejo sostenible de los bosques y la valoración de estos recursos. El nivel de ilegalidad es muy alto: hasta de un 70 por ciento según algunos especialistas.
Los bosques naturales abastecen el 80 por ciento de la madera aprovechada y comercializada. Sin embargo, los beneficios que reciben las comunidades de los bosques no supera el 5 o el 10 por ciento del precio final. Hay que fortalecer su manejo sostenible y las cadenas productivas para mantener los bosques en pie y brindar una vida digna a las comunidades.
Por otro lado, los bosques, las áreas protegidas y paisajes productivos que integra los ecosistemas naturales deben ser la base de las estrategias para la adaptación al cambio climático. Darle vía libre a una infraestructura verde es una oportunidad para reducir los riesgos climáticos.
JAVIER SILVA HERRERA
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