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sábado, 6 de febrero de 2016

La verdadera identidad e historia de La Mona Lisa

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La Mona Lisa es una obra tan enigmática como conocida; su sonrisa es cautivante, pero al mismo tiempo común. Es una pintura llena de contradicciones por la fama que tiene, lo ordinaria que parece y porque es considerada la obra más grande en la historia de la humanidad.

 Parece que el saber quién es esa mujer, si en verdad se trata de da Vinci disfrazado o algo más, siempre será un misterio, pero hay quienes continúan investigando, y aunque la conclusión es confusa, es importante conocer el contexto de la obra más importante de la historia.
Todo comenzó con el cardenal Luis de Aragón, un hombre que poco a poco escaló de posición en la nobleza italiana del siglo XV. Vinculado por sus abuelos a la realeza, él era un hombre poderoso, pero lo que realmente lo llevó a tener legitimo poder fue la ayuda del Papa Alejandro VI. Este Papa era Rodrigo Borgia que las series de televisión ha hecho tan famoso en los últimos años. Él fue quien le concedió obispados y beneficios eclesiásticos, además de convertirlo en cardenal. Después de la muerte del Papa, sus dos sucesores continuaron otorgándole riquezas, por lo que con el paso de los años se convirtió en uno de los hombres más ricos y poderosos de Italia.

 Establecido en Roma tuvo muchas amantes, pero sólo con una de ellas tuvo una hija, la cortesana pero famosa Tulia de Aragón. Ella gozó de mucha popularidad gracias a su excelente educación, demostró ser verdadera hija de su padre, pues él fue un amante del arte y las letras, tanto que muchas veces fungió como mecenas para distintos poetas. Así estableció amistad con Giuliano de’ Medici, perteneciente a la familia considerada una de las mayores mecenas en la historia del arte. Sin los Medici, miles de obras renacentistas no habrían existido. Aunque al principio congeniaron muy bien gracias a el interés por las artes que ambos tenían, paulatinamente la relación se deterioró e incluso se le acusó al cardenal de haber conspirado en la muerte de un familiar de Giuliano, el mismo Papa León X. Por esa razón el cardenal dejó Roma y comenzó a recorrer Europa en compañía de su secretario Antonio de Beatis.


Giuliano de’ Medici

Fue Beatis quien en ese viaje que duro años hizo un diario en el que anotó a toda persona interesante que conocía, cada obra de arte importante y todo lo que tuviera que ver con la cultura. En el diario escribió que en sus viajes, el grupo del cardenal conoció a Leonardo da Vinci. El artista contaba con cerca de 60 años en ese momento, y en la histórica reunión, el pintor le mostró al cardenal tres cuadros:
“… uno de cierta dama florentina hecha del natural, a instancias del llamado Magnífico Giuliano de Medici, el otro de San Juan Bautista joven y uno de la ‘madonna’ y el hijo que se encuentran sobre el regazo de Santa Ana, todos muy perfectos”.
Al decir “del natural”, el secretario se refería al retrato, por lo que sí, esa dama florentina hecha del natural representa la primera vez que se tiene registro de La Mona Lisa. El cardenal sintió especial atracción hacia ella, pues fue creada por encargo de Medici, y el primero sabía que la persona retratada no era la esposa del útlimo. El genio de da Vinci intuyó que el cardenal sabía algo y por eso nunca le dijo realmente quién era esa persona, aunque las investigaciones recientes dictan que incluso el pintor tal vez nunca supo con certeza quién era ella. Todo lo que se sabe es que fue Medici, de la gran familia de patronos del arte, quien mandó a hacer tan importante obra.


La historia es engañosa y así demostró serlo con una de las piezas más importantes del arte. Como muchas de las cosas que sucedieron siglos atrás, hoy se especula demasiado, sin tener pruebas definitorias. La versión más aceptada es que el retrato es de Lisa Gherardini, esposa de un mercader florentino llamado Francesco del Giocondo, pues esto es lo que el considerado primer historiador del arte, Giorgio Vasari, dijo, pero parece que todo lo que él comentó fue una especulación a partir de un cuadro que ni siquiera llegó a ver. Ese punto es lo que llevó a Roberto Zapperi a explorar todas las posibilidades, y tras una ardua investigación concluyó que si bien no podía saber quién era la misteriosa mujer, por lo menos podía considerarse que era alguien que Giuliano de Medici había conocido y por quien había tenido tanta estima que le encargó a uno de los pintores más famosos del momento (y eventualmente de la historia) que la retratara.


Fuente.
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