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domingo, 10 de abril de 2016

"Elegir a Keiko en Perú sería retroceder"

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Jeremías Gamboa (Perú, 1975) formó sus primeras percepciones como escritor durante la extensa presidencia de Alberto Fujimori. Es decir, creció bajo el dictado del poder sobre el periodismo, la inexistencia forzosa de ideas políticas y la construcción de un Estado militar que fue un argumento suficiente para llevar a Fujimori a la cárcel más de dos décadas después, por crímenes de lesa humanidad. Gamboa, autor de la novela Contarlo todo y del libro de cuentos Punto de fuga, desglosa la figura de Keiko Fujimori, hija del expresidente y candidata presidencial, y afirma que el sistema político peruano debe alejarse de los caudillos.

La candidatura de Keiko Fujimori recuerda inevitablemente la presidencia de su padre. ¿Perú ya ha superado a Fujimori?
Más que recordarla, es una extensión de ella. Keiko no tiene mérito propio, salvo el de ser hija de quien es hija: fue una primera dama de cartón y una de las congresistas con más inasistencias en su función parlamentaria. Sería interesante imaginar qué intención de voto tendría si no tuviera el apellido que tiene. Es claro que su popularidad evidencia que el Perú no ha superado aún la estela del fujimorismo. Si por un lado aplicó un modelo que abrió la economía del país al mundo y nos insertó al sistema internacional (la receta de Mario Vargas Llosa que el candidato Alberto Fujimori se comprometió a no ejecutar), ha dejado como mala herencia la precariedad del sistema político y la debilidad de las instituciones. El transfuguismo de congresistas, los partidos políticos como vientres de alquiler, las mafias de la información, el desprecio por los sistemas de ideas en aras de un pragmatismo insensible, todo eso es parte de su influencia.
¿El desplome de Fujimori produjo una pérdida de confianza de los peruanos en sus políticos? Salvo Fuerza Popular, no parece haber un colectivo muy fuerte en estas elecciones…
No, ocurrió mucho antes. En parte se produjo por la propia incapacidad de los políticos en la propia gestión de la democracia en los años ochenta, y sobre todo se dio durante el decenio de Fujimori, que gobernó bajo un discurso de absoluto desprecio por los partidos políticos. Su partido no era un partido clásico sino un sistema militarizado y de inteligencia. Fujimori satanizó a los políticos tradicionales y entronizó la figura del caudillo o salvador. Lidiamos todavía con esa carga. Los partidos en el Perú no se conducen de abajo hacia arriba —mediante militantes, liderazgos, elecciones internas—, sino de arriba hacia abajo. Son caudillos que más bien forman grupos políticos a imagen y semejanza de ellos. Es tan así que el partido político que Pedro Pablo Kuczynski se llama como él: PPK (Peruanos por el Kambio).
¿La figura del caudillo (como Fujimori o como, tiempo después, Alejandro Toledo) sigue vigente?
Absolutamente. Y eso habla de nuestra debilidad institucional. Es urgente que al inicio del nuevo gobierno se coloquen las bases de una reforma de los partidos políticos. Deben tener cuentas claras, partidas del Estado que impidan fuentes de financiamiento oscuras, elecciones internas abiertas.
El arzobispo de Arequipa pidió no votar por candidatos que estuvieran a favor del aborto y del matrimonio homosexual. ¿Perú está preparado para políticas vanguardistas como la despenalización del aborto?
Debería estar preparado, es lo que muchos de nosotros quisiéramos. Lamentablemente tenemos un Estado demasiado intervenido por un sector muy conservador de la Iglesia, encarnado por el arzobispo Juan Luis Cipriani y grupos muy influyentes como el Opus Dei. La unión civil o el tema del aborto en casos de violación son asuntos que casi ningún candidato toca porque hay un rechazo visceral que está ligado a un profundo desprecio por la mujer y la comunidad LGBT. Allí hay que reconocer el coraje y la frontalidad de una candidata como Verónika Mendoza, que propone un Estado laico. Es uno de los saltos históricos que nos falta dar.
¿A qué se debería que Keiko Fujimori tenga ahora la atención que tiene, a pesar de que perdió en las elecciones de 2011 y de que su padre está condenado en prisión?
Precisamente a eso. A que el padre está vivo y se encuentra en prisión. Mucha gente en el Perú relaciona a Fujimori con cosas muy concretas y valiosas. Y sí, es verdad que durante su gobierno se acabó con Sendero Luminoso y se detuvo la inflación y se reinsertó al país a la economía mundial, y mucha gente asume que son méritos estrictamente suyos y que se deben a su “mano dura”. El crecimiento de la inseguridad ciudadana y el crimen organizado lleva a muchos a pensar que es necesaria esa rigidez para acabar con el crimen.
¿Cómo han afectado estos años de elecciones democráticas a los peruanos? ¿Los han cambiado?
Quisiera creer que sí, que estos años de elecciones relativamente limpias y de cambios de mando presidencial nos han acostumbrado a la democracia. Perú ha roto sus récords de sucesiones democráticas y de elecciones libres y me gustaría pensar que no vamos a volver al escenario golpista de un 5 de abril. Keiko Fujimori ha firmado una supuesta carta en la que se compromete a no atentar contra la democracia, y con ello ha revelado que su padre cometió todos los hechos atroces que ella se compromete a no repetir y por los cuales nunca ha pedido disculpas (violación de derechos humanos, persecución de periodistas, esterilizaciones forzadas). Quiero creer que si lo hace es porque sabe que la ciudadanía está mucho más atenta e informada que antes y que ya casi nadie gobierna en el Perú sin flexibilizar sus puntos de vista y sin acercarse al centro del espectro político. Kuczinsky lo ha entendido. Ese ahora es el reto para Verónika Mendoza, si pasa a la segunda vuelta. Para ganar va a tener que demostrar flexibilidad y gestos que la acerquen a un gran sector de la población peruana que no es de extrema izquierda. Si lo hace, podría ganar la Presidencia.
¿Qué ha percibido sobre estas elecciones en la calle, entre sus amigos?
El mismo clima polarizado de otras veces y el nacimiento del mismo temor de antes, como ocurrió con Humala hace cinco años, pero también fe y esperanza. El miedo lo genera el extremismo fujimorista, que sataniza la candidatura de Mendoza y la hace crecer. Hace cinco años pudimos salir de ese clima de miedo gracias a la participación de Mario Vargas Llosa, que convenció a un sector de la sociedad de que Humala no era el fin del país o su liquidación. Esta vez nos tendría que tocar a nosotros. En ese sentido, ha sido magnífica la marcha ciudadana por el 5 de abril (que recordó los 24 años del autogolpe de Fujimori) en la plaza San Martín. El fujimorismo la caricaturizó casi como una manifestación terrorista (usan el término mucho y de manera indiscriminada), pero resultó ser un acto pacífico, lleno de color y expresiones de solidaridad y esperanza.
“El País” de España describió uno de sus cuentos de “Punto de fuga” como “una confusión humana, melancólica y cruel, terriblemente viva”. ¿Describiría también de esa manera el Perú actual?
Los cuentos de ese libro hablan precisamente de la Lima de los años noventa, que era la que gobernaba la dictadura de Fujimori. Ser periodista en esos años era un oficio complicado: los medios estaban alineados con el régimen porque la mayoría de ellos habían sido comprados por la dupla Fujimori-Montesinos, y había persecución a los periodistas, mordaza y censura. En ese caldo de cultivo social yo formé mi mirada y me formé como ciudadano y como escritor, y creo que eso me va a acompañar siempre y se va a permear en muchas de las ficciones que escriba. Me parece que el Perú como país va saliendo de esa confusión de una manera no ordenada. Hay ciertos consensos sobre lineamientos económicos que sería ideal que se respeten y también consenso en la necesidad de un apoyo frontal a la educación y la necesidad imperiosa de reconstruir el sistema político. Desde mi perspectiva, todo ello se puede discutir y en algunos casos lograr por candidatos como Kuczynski, Barnechea o Mendoza, que representan la derecha, el centro y la izquierda, en estricto orden. Elegir a Keiko Fujimori sería validar la dictadura del padre y retroceder.
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